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lunes, 4 de abril de 2011

La marca de la Bestia


«Hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre. Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis» (Apocalipsis 13:16-18). Estamos frente a una extraordinaria profecía. Reflexionemos sobre su significado: hace casi 2.000 años el apóstol Juan —que antes de conocer a Jesús se había desempeñado como un simple pescador— predijo que un día sería instituido un sistema económico internacional por el que se obligaría a toda persona a llevar un número, sin el cual no podría comprar ni vender. El cumplimiento de este ominoso oráculo no habría sido posible antes del advenimiento del ordenador y de las operaciones bancarias electrónicas. Existen actualmente diversos métodos para adquirir bienes o productos. Se puede pagar en efectivo, girar un cheque o emplear una tarjeta crédito o de cobro automático. Otra modalidad de transferencia de fondos que ya se emplea en muchos países y que se fomenta en otros es la tarjeta inteligente. Ésta tiene el aspecto de una tarjeta común y corriente, pero con una gran diferencia: en el plástico hay un pequeño circuito integrado. Este prodigioso dispositivo electrónico no solo da al portador acceso instantáneo a su cuenta bancaria, sino que además contiene su identificación, su historial médico, su carnet de conducir, fotografías, datos requeridos por la asistencia social y otros varios. En Francia, Canadá, Alemania y Gran Bretaña se utilizan actualmente más de 90 millones de tarjetas inteligentes para disponer de mejor asistencia sanitaria. El papel moneda evidentemente tiene los años contados. Quienes promueven una sociedad en la que no se emplee más el dinero contante esgrimen un sinnúmero de argumentos muy convincentes. Uno de los principales es que el dinero en efectivo posibilita los turbios negocios de los narcotraficantes, quienes suelen realizar sus transacciones con maletas llenas de billetes. En la ausencia de papel moneda, se dificultaría mucho la venta ilegal de drogas. Es más, muchos organismos de seguridad sostienen que la abolición del efectivo acabaría prácticamente con toda actividad delictiva. Implantaciones de microchips con los datos personales Para poder eliminar por completo el papel moneda, los cheques y las tarjetas de crédito, es imperativo crear un sistema de identificación a toda prueba. Los comerciantes deben contar con la garantía de que quien presente una tarjeta para realizar una transacción sea en efecto el titular de la misma. Una solución viable y muy económica podría ser tomar un microcircuito similar al de la tarjeta inteligente e introducirlo debajo de la piel. Una vez implantado, el chip podría ser leído por un escáner de bajo costo muy parecido a los lectores de barras de un supermercado. Es decir, que uno mismo se convertiría en una tarjeta inteligente, sorteando así el gravoso obstáculo de garantizar que el titular de la tarjeta sea, en efecto, quien dice ser. Es evidente que se está gestando una sociedad desmonetizada a escala planetaria. El control que hoy se puede ejercer en el mundo mediante la tecnología de fibra óptica, los satélites y las bases de datos es alucinante. Los gobiernos de Australia, Israel, Singapur y Tailandia están formulando políticas con vistas a eliminar los cheques y el papel moneda. Muchos otros países están probando nuevas tecnologías para efectuar operaciones comerciales eludiendo el uso de la moneda corriente. Por primera vez existen los dispositivos de alta tecnología necesarios para cumplir la escalofriante visión que tuvo el apóstol Juan hace casi dos mil años. El poder oculto No hay que olvidar que el dirigente supranacional del que ya hablamos no exigirá que el mundo lo adore por razones puramente egotistas. Es que estará poseído por el propio Satanás. «El dragón [el Diablo] le dio su poder y su trono, y gran autoridad» (Apocalipsis 13:2). Satanás siempre ha querido ser Dios. En un principio esa fue precisamente la causa de su caída. El profeta Isaías escribió: «¿Cómo caíste desde el cielo, estrella brillante [Lucifer], hijo de la Aurora? [...] En tu corazón decías: "Subiré hasta el cielo y levantaré mi trono encima de las estrellas de Dios [...]; subiré a la cumbre de las nubes, seré igual al Altísimo". Mas, ¡ay!, has caído en las honduras del abismo, en el lugar adonde van los muertos» (Isaías 14:12-15, Biblia Latinoamericana). Lo que Satanás persigue al inducir a su títere, el Anticristo, a establecer la maquinaria crediticia mundial que ya se ve venir es que el mundo entero se postre y le rinda culto. ¡Ojo con el 666! Acceder a que le sea a uno implantada la marca de la Bestia no será una decisión meramente económica. Si bien esa marca vendr á camuflada como un avance tecnológico provechoso para la sociedad, aceptarla será en realidad una decisión espiritual: equivaldrá a acoger y rendir culto al diabólico Anticristo. Por eso la Biblia advierte: «Si alguno adora a la Bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios. [...] No tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la Bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre» (Apocalipsis 14:9-11). Dios no castigaría tan severamente a una persona por algo tan nimio como aceptar una marca de identificación y crédito que le permitiera adquirir víveres y artículos de primera necesidad. Lo que se desprende de estas palabras es que, cuando veamos surgir un gobierno mundial cuyo dirigente exija nuestra filiación, nuestra lealtad e incluso nuestra devoción, no debemos acceder a sus exigencias. Por muchos que sean los incentivos económicos ofrecidos a cambio o las represalias con que se amenace a quienes rechacen su marca y su número, debemos más bien amar y adorar al Dios verdadero, al Creador, que nos quiere y vela por nosotros. Si ciframos nuestra confianza en Él, nos sacará adelante en los tiempos que se avecinan. (Extracto de Ya estaba escrito, de Michael Roy).

La Bestia, a punto de aparecer

El anticristo viene» (1 Juan 2:18). Una de las últimas señales del fin del dominio de los hombres sobre la Tierra —señal a la que la Biblia dedica numerosos capítulos— es el surgimiento de un gobierno supranacional presidido por un perverso tirano al que se conoce como el Anticristo o la Bestia. El capítulo 13 del libro del Apocalipsis refiere que el mundo rendirá culto a Satanás, personificado éste por el vil dirigente mundial antes mencionado. «Adoraron al dragón [el Diablo] que había dado autoridad a la bestia [el Anticristo], y adoraron a la bestia» (Apocalipsis 13:4). Rápidamente se está creando el marco para que el mundo acepte una dirigencia de carácter mundialista. El célebre historiador británico Arnold Toynbee (1889-1975) afirmó con gran acierto: «Las naciones están prestas a entregar los reinos del mundo a un hombre que ofrezca una solución a los problemas que aquejan al planeta». Paul-Henri Spaak, que fue el primer presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, primer ministro de Bélgica, uno de los gestores del Mercado Común Europeo y secretario general de la OTAN, declaró en cierta ocasión: «No queremos una comisión más; ya contamos con demasiadas. Lo que buscamos es un hombre que tenga suficiente estatura moral para captar el apoyo de las masas y sacarnos del cenagal económico en que nos estamos hundiendo. Cuando se presente tal individuo, sea dios o sea demonio, lo aceptaremos». El nuevo orden internacional Cada vez oímos hablar con más frecuencia del nuevo orden internacional y de la globalización. El ex presidente norteamericano George Bush padre popularizó el concepto en un discurso pronunciado ante el Congreso de su país durante la guerra del Golfo: «Nos hallamos en un momento único y extraordinario. [...] De esta turbulenta época bien puede emerger un nuevo orden internacional. [...] Hoy ese nuevo orden pugna por nacer»1. El acuerdo de paz en torno a Jerusalén Es previsible que el Anticristo llegue al poder en medio de una euforia generalizada por haber sacado temporalmente al mundo de sus profundas crisis económicas, militares y políticas. A la usanza del propio Satanás, que con frecuencia se disfraza de ángel de luz, este personaje deslumbrará a buena parte del mundo presentándose como un gran héroe y pacificador. El profeta Daniel, aludiendo al Anticristo, escribió: «En plena paz, destruirá a muchos», y «se apoderará del reino a fuerza de intrigas» (Daniel 8:25 y 11:21, Edición Pastoral). La Biblia nos indica que las pretensiones de liderazgo mundial de ese dirigente se fundamentarán en un ingenioso pacto de paz de 7 años. Dicho acuerdo resolverá transitoriamente la crisis de Oriente Medio, logrando que árabes y judíos accedan a ciertas concesiones relativas a Jerusalén y sus lugares sagrados. Uno de los puntos neurálgicos será el Monte Moriah en Jerusalén, considerado sagrado por los judíos dado que allí se encontraba su templo antes que fuera destruido por los romanos en el año 70 d.C. Este monte es también sagrado para los musulmanes, dado que en él se levanta el santuario más importante del Islam en la ciudad: la Mezquita de Omar. Las Escrituras indican que el acuerdo permitirá a los judíos reconstruir su templo, donde reanudarán sus antiguos ritos de sacrificios de animales (Daniel 8:23-25; 9:27; 2 Tesalonicenses 2:1-4). De Rusia El profeta Ezequiel hace referencia al Anticristo en términos de «Gog en tierra de Magog» (Ezequiel 38:2). Los exégetas coinciden en que la antigua tierra a la que se conocía como Magog era un poderoso país ubicado al norte de Israel. Muchos la identifican con Rusia. Por eso, un número importante de estudiosos de la Biblia considera que el Anticristo bien podría surgir de la antigua Unión Soviética. Según la Sagrada Escritura, las principales potencias europeas jugarán un importante papel en el gobierno mundial del Anticristo. Los dirigentes de esos países se unirán a él y le darán pleno apoyo. «Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y autoridad a la bestia» (Apocalipsis 17:13). Un agrio salvador Si bien la mayor parte del mundo acogerá inicialmente al Anticristo como una especie de mesías político, tres años y medio después éste revocará el acuerdo de paz que él mismo firmara y que hubiera debido regir por siete años. En ese momento invadirá Israel y declarará a Jerusalén su capital internacional. Abolirá todas las religiones, a excepción del culto a su propia imagen, la cual estará de algún modo habilitada para hablar y «hacer matar a todo el que no la adore» (Apocalipsis 13:14,15). Jesús dijo que cuando viéramos esa imagen «en el lugar santo [el templo], la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel [...], habrá gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo» (Mateo 24:15,21). Será una época de feroz persecución y represión de los creyentes a manos de la Bestia y su régimen (v. también Daniel 7:21,25; 8:23,24; 11:31-35; 12:10; Apocalipsis 13:5-7). En ese momento el Anticristo instaurará su siniestro sistema de crédito internacional, que llevará el número 666. Si quieres acceder a una explicación detallada y clarificadora de este inminente suceso, no te pierdas el siguiente capítulo de Ya estaba escrito en el próximo número de Conéctate. • (Extracto de Ya estaba escrito, de Michael Roy.) 1 Jerry Johnston, The Last Days of Planet Earth, Harvest House Publishers, Eugene, EE.UU.; 1991, págs.129-131.

Ya estaba escrito. Tercera Parte

En el presente artículo continuamos con nuestro estudio de las pasmosas predicciones que hiciera Jesús acerca de los acontecimientos que tendrían lugar poco antes de Su retorno a la Tierra. El gran remezón «Y habrá terremotos en diferentes lugares...» (Mateo 24:7.) El Almanaque Universal dice que entre los años 1000 y 1800 no se produjeron sino 21 terremotos de gran magnitud. En contraste, entre 1800 y 1900 tuvieron lugar 18 convulsiones sísmicas de consideración. En los 50 años siguientes, entre 1900 y 1950, hubo 33 movimientos telúricos de grandes proporciones, casi tantos como los ocurridos en los 850 años anteriores.1 Entre 1950 y 1991 el número se elevó a 93, casi el triple que en el medio siglo anterior. En total esos terremotos cobraron la vida de un millón trescientas mil personas. Este espectacular incremento en los sismos de gran intensidad ha llevado a numerosos científicos a predecir que estamos entrando en una nueva fase de grandes trastornos telúricos. El profeta Isaías predijo igualmente monstruosos terremotos para los últimos tiempos: «Temblarán los cimientos de la Tierra. En gran manera será la Tierra conmovida. Temblará la Tierra como un ebrio, y será removida como una choza [...] el día de la gran matanza, cuando caerán las torres.» (Isaías 24:18-20; 30:25.) El violento mundo de hoy Jesús dijo también que justo antes de Su regreso la sociedad se caracterizaría por una violencia desenfrenada: «Como en los días de Noé, así será la [segunda] venida del Hijo del Hombre» (Mateo 24:37). ¿En qué estado se hallaba el mundo en los días de Noé? El libro del Génesis explica que «se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia» (Génesis 6:11). Todos hemos visto con dolor infinidad de titulares sobre luctuosos y violentos sucesos carentes de toda razón o sentido. En Estados Unidos, las estadísticas relativas a los delitos violentos son escalofriantes. Según el FBI, por término medio cada 22 minutos muere asesinada una persona; cada 4 se produce una violación, y un asalto cada 26 segundos.2 El diario La Época de Santiago de Chile informa: «Los barrios marginales de Río de Janeiro, São Paulo, Bogotá, Caracas y Lima, en los que se hacinan inmigrantes del campo que acuden en aluvión fascinados por la gran ciudad, son caldo de cultivo para la violencia». Las cifras de homicidios de ciudades como Medellín o Río de Janeiro son de las más altas del mundo. En Río, continúa el matutino, «se cometen 61 asesinatos al año por cada 100.000 personas, frente a 30 en la ciudad de Nueva York». La escalada violentista tampoco es desconocida en México. En el estado de Guerrero la tasa de homicidios es de 46 por cada 100.000 habitantes.3 ¡Qué mundo el del espectáculo! ¿A qué obedece este aumento sin precedentes de la violencia entre los jóvenes? Los estudiosos de la conducta humana han determinado que una de las principales causas es el mal llamado entretenimiento o espectáculo, sobre todo las imágenes que diariamente llegan a cada hogar por cortesía de la televisión. En otras épocas, era preciso encontrarse en el lugar de los hechos para presenciar un acto de violencia. En la actualidad no. Al cumplir quince años, un joven norteamericano común y corriente ha visto por televisión la muerte violenta de más de 35.000 seres humanos y otros 200.000 actos brutales de agresión. Ni «en los días de Noé» se veía la gente sometida a las megadosis de violencia que se nos dan a consumir en nuestra época. Es innegable la relación que existe entre la violencia fílmica y la callejera y doméstica. El Dr. Leonard Efron, profesor de sicología de la Universidad de Illinois, que estudió los hábitos de más de cuatrocientos telespectadores por espacio de 22 años, observa: «Ya no queda duda de que el alto consumo de violencia televisiva es uno de los detonantes de la agresividad, el crimen y la violencia en la sociedad». Arnold Kahn, de la Asociación Norteamericana de Sicología, añade: «El debate sobre los efectos de la violencia en la pantalla chica es semejante al que tiene lugar sobre la relación entre fumar y el cáncer».4 Para determinar «qué opina la propia juventud sobre el mundo sumamente volátil en que vive», la revista Newsweek y el Fondo de Defensa de la Infancia organizaron una encuesta entre escolares norteamericanos de 10 a 17 años de edad. Respondieron 758. La revista resume así el resultado: «El cuadro que emerge del sondeo es el de una generación que vive presa del temor. [...] Muchos de los jóvenes encuestados abrigaban inquietudes que sus padres jamás habrían imaginado, relacionadas con las armas de fuego, las drogas, el divorcio, la pobreza. En las entrevistas se hizo patente hasta qué punto ha calado la violencia -o el temor de la misma- en el ánimo de los niños, no sólo en los núcleos de las grandes urbes, sino en pueblos pequeños y en barrios residenciales.» Pese a la violencia reinante, no tenemos por qué vivir atemorizados. Recordemos que la Escritura llama a Jesús Príncipe de Paz (Isaías 9:6). A todos los que lo aman y creen en Él, les promete: «La paz os dejo, Mi paz os doy; Yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.» (Juan 14:27.) Si deseas contar con más documentación acerca de las profecías cumplidas comentadas en esta serie, y con una explicación de las que aún han de cumplirse, pide hoy mismo un ejemplar de Ya estaba escrito. Encontrarás los detalles pertinentes en el formulario de pedido adjunto. 1. Almanaque Universal, Kansas City, Mo., Andrews and McMeel, 1993 2. AP, 20 de mayo de 1994 3. La Época, 11 de noviembre de 1994 (Santiago, Chile) 4. Don Feder, A Jewish Conservative Looks at Pagan America, Lafayette, LA., Huntington House Publishers, 1993 5. Growing Up Fast and Frightened, Newsweek, 22 de noviembre de 1993, p.52 (Pasajes seleccionados de Ya estaba escrito,de Michael Roy.)

Ya estaba escrito SEGUNDA PARTE

En la primera parte de esta serie comenzamos a examinar la descripción que hace Jesús de los acontecimientos predichos para la víspera de Su regreso a la Tierra, los cuales se vienen registrando en el momento actual a mucha mayor escala que nunca. Nuestro estudio continúa … «¡Mamita, tengo hambre!» «Y habrá hambres...» (Mateo 24:7).

Ya estaba escrito PRIMERA PARTE

El gran interrogante que a muchos nos asalta a las puertas del siglo XXI es: ¿Qué destino nos aguarda a nosotros y a nuestro planeta? ¿Estamos en el umbral de un Nuevo Orden Internacional en el que el mundo entero gozará de paz y prosperidad? ¿O se tambalea la humanidad al borde de un abismo que la sumirá en un caos sin precedentes? ¿O tal vez ambas cosas? La presente serie ofrece algunas respuestas que pueden servir de preparación para lo que se avecina. Sorprendentemente, la descripción del mundo actual contenida en estos artículos fue escrita hace miles de años. Estudiaremos predicciones y profecías que, pese a haberse registrado hace dos y tres mil años, retratan acontecimientos y situaciones que han tenido -o tendrán- lugar en el transcurso de nuestra vida. Algunos de esos vaticinios se refieren a los veloces medios de transporte de la era moderna, al aumento sin precedentes de los viajes internacionales, así como a la arrolladora multiplicación de todo tipo de conocimientos. Lo mismo sucede en el caso del calentamiento del planeta y de la propagación de mortíferas enfermedades como el sida y el cáncer. Todo ello fue anunciado por los profetas de antaño. Quien adquiera una conciencia clara de estas predicciones verá con nuevos ojos la transformación que experimenta actualmente el mundo y estará prevenido para los cataclismos que se vislumbran en el horizonte. La gran incógnita Hace cerca de 2.000 años, en un monte de las afueras de la antigua ciudad de Jerusalén, un pequeño grupo de buscadores de la verdad se reúne en torno a su maestro, un carpintero convertido en predicador y conocido sencillamente como Jesús de Nazaret. La pregunta que le formulan motiva una respuesta que abarca dos milenios y se centra en la época en que hoy vivimos: «Estando Él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de Tu venida, y del fin del mundo?”» (Mateo 24:3.) La cuestión que le plantearon Sus discípulos giraba en torno a un suceso que se conoce generalmente como la Parusía, el espectacular advenimiento de Cristo al fin de los tiempos para tomar posesión del mundo y establecer en la Tierra el Reino de Dios. El término fin del mundo se emplea en este pasaje no en el sentido de la destrucción física del planeta, sino del fin del gobierno injusto e inhumano de los hombres en la Tierra. Jesús respondió a dicha pregunta mencionando no sólo una, sino decenas de señales que indicarían la proximidad del fin. Otras extraordinarias predicciones de varios autores de textos bíblicos complementan el panorama. Precisamente en esas señales centraremos nuestro estudio. Las grandes respuestas (Habla Jesús:) «Oiréis de guerras y rumores de guerras. [...] Se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores.» (Mateo 24:6-8.) Es de todos conocido que durante milenios el mundo se ha visto azotado por guerras, hambres, pestes y terremotos. Lo que quizá no deja de alarmar es el espectacular aumento que en años recientes se observa en la magnitud, gravedad y frecuencia de todas esas tragedias. Repasemos, por ejemplo, la primera parte de este pasaje. Un mundo en guerra «Oiréis de guerras y rumores de guerras. [...] Se levantará nación contra nación, y reino contra reino.» Aunque la humanidad siempre ha sido víctima del flagelo de la guerra, ningún otro período de la Historia ha conocido una escalada bélica como la acaecida durante el siglo XX. La Cruz Roja Internacional estima que más de 100 millones de personas han perecido desde comienzos de siglo a causa de las guerras. Hasta 1914, los conflictos armados nunca habían tenido alcance universal. Sin embargo, las dos Guerras Mundiales sí lo tuvieron. En la guerra del 39, apenas 12 países pequeños no intervinieron ni técnica ni militarmente. Desde la Segunda Guerra Mundial -conflagración que se esperaba que garantizase el fin de todo conflicto armado- han estallado más de 150 guerras de grandes proporciones -definidas éstas como conflictos causantes de más de 1.000 muertes al año-, eso sin contar cientos de escaramuzas, alzamientos y revoluciones. La cifra de víctimas fatales en enfrentamientos bélicos desde el final de la Segunda Guerra Mundial supera ya los 23 millones.1 Desde la caída del muro El mundo esperaba que la caída del muro de Berlín en noviembre de 1989 marcara no sólo el fin de la Guerra Fría entre las superpotencias, sino también el inicio de una era de paz mundial. Desgraciadamente no ha sucedido tal cosa. En su informe anual, la National Defense Council Foundation, organismo norteamericano de investigación y promoción de intereses, estimó que en 1995 se libraron 71 guerras.2 Limpieza étnica y horrendas luchas tribales En esta profecía, donde dice «se levantará nación contra nación», la palabra empleada en el texto original griego y que se tradujo como nación al castellano es etnos, cuya traducción más precisa sería raza o tribu. Dicho de otro modo, Jesús vaticinó que los grupos étnicos se levantarían unos contra otros. En años recientes este augurio se ha cumplido con trágicas consecuencias.